CAICEDONIA DONCELLA DE LUZ.

¨Viento de 1900. Se esparce sobre el pecho húmedo de la selva indómita un augurio de hachas. Augurio perceptible apenas al oído de la fiera que puebla la maraña, un rumor de pasos va creciendo lentamente, con esa lentitud de la savia prolífera que ata lianas y revienta orquídeas en el torso atlético del roble milenario. Un puñado de hombres es el origen de ese murmullo. Sus plantas ávidas de distancias, incansables como la pezuña del oso y los bárbaros de los caballos de Atila, hienden la tierra en un connubio histórico, de cuya cópula nacerá la criatura palpitante de un pueblo arrancado de las entrañas de lo imposible. Son hombres tan humildes como la hierba que se dobla a su paso. Y sin embargo la eterna y grande Antioquia les ha quedado tan pequeña como la ruana que ciñe sus invencibles pechos. Ignoran el artificio de los números, sus pupilas saben el mágico secreto de la multiplicación de los horizontes…No tienen noticias del héroe homérico, ni la talla del Hércules mitológico, y, sin embargo, el monstruo vegetal tiembla ante ellos con sus millones de piernas y tentáculos. Son hombres humildes, hombres de carne y hueso en cuyos rostros el clima ha vaciado el oro de la fiebre y la canícula ha tatuado el precio de la audacia junto al nombre indescifrable de lo invencible. Sus nombres son tan pequeños como los poros de su piel. Pero? Quién medirá la fuerza de sus músculos, el poder de sus brazos, la intrepidez de sus hachas trizadoras de soles? A su paso la selva se prosterna, huye la fiera, cruje el roble, crece el espacio en donde la luz va cayendo como evangélica semilla… Sus frentes apenas las inclina el peso ciclópeo de una idea que será el óvulo fecundo de un nuevo pueblo. En sus callosas manos va creciendo Colombia. El pan de los colombianos se multiplica en la vigilia de sus vientres. En su humilde léxico no mora la palabra economía, pero sus lenguas saborean la riqueza de todo un pueblo. Estos hombres van descalzos, pero las huellas de sus pies tienen la estatura del surco.

Daniel Gutiérrez Arango, Alonso Gutiérrez, José J. Londoño, Manuel Jaramillo, Joaquín Parra, Jesús María Ramírez, José María zapata, Rafael A. Hurtado, Calixto Laverde, Cayetano Ayala, Jorge Moreno, Juan Francisco Días, Jesús María Velásquez, Rebén A. Vallejo, Ángel María Beltrán, Francisco Vera, Paulino Henao, Pedro María Ramírez, Juan Gregorio García, Marco J. López, David Sepúlveda, Marco A. Grisales, Enrique Gómez, Jesús María Rodríguez, Andrés María Valencia, Zenón Baena, Carmelo García, Jesús A. Osorio, Rafael Loaiza, Damián Velásquez, Hipólito Giraldo, Andrés Henao, Marco Emilio Ocampo, Luis Zuluaga, Lucas Alvarán, Félix Villa, Marcos Castaño… Sus nombres son tan pequeños como los poros de su piel, pero… ¿quién medirá la fuerza de sus músculos, el poder de sus brazos, la intrepidez de sus hachas trizadoras de soles?

La mañana del 3 de Agosto de 1910 tiene la brisa rehabilitadora de la tregua. Y, estos titanes, el hacha a discreción, tienden su mirada de niños asustados hacia el vacío en donde se alza, como enorme trofeo, el fruto de su lucha, la conquista de sus músculos, el milagro de sus manos…. ¡ Caicedonia, Doncella de luz, se yergue en medio de las montañas con prometéico estremecimiento¡. Los cóndores antioqueños han hecho su nido en el propio corazón de la montaña, en un descuajamiento visceral cuya repercusión será molécula inmortal en la sangre de toda una raza. El pueblo nacido de la angustia y el sacrificio de un puñado de hombres buenos, cristianos por tradición y valientes por temperamento, se alza en la mañana del 3 de Agosto de 1910 con la imponencia majestuosa de un monumento histórico.

Cien años, y Caicedonia, como si hubiera abolido el tiempo, ofrece en plena infancia la adultez espartana de su amplia y firme estructura. La prueba de fuego apenas si le ha añadido la virtud del acero toledano: el temple y la hidalguía. Firme en la amargura, indeclinable en la tormenta, altiva en la derrota, a la sombra de sus cafetales teje un futuro de progreso, mientras la raza de sus fundadores hila su historia en la rueca de un nombre, que es orgullo y blasón del más humilde de sus hijos.

Oscar Piedrahita - Escritor Caicedonita
Texto recuperado y levemente modificado por Jairo Sánchez.

Este texto fue adaptado y presentado como obra de teatro con ocasión de los 75 años de Caicedonia por un grupo de estudiantes del Colegio Bolivariano en el tablado del parque principal.
Directores del grupo de teatro: Padre Federico Arroyabe, Excibel Ortíz y Jairo Sánchez.