REDISTRIBUIR EL TERRITORIO

Por: Mario Ramírez Monard

Es muy probable que algunos lectores no estén de acuerdo con los argumentos que a partir de ahora vamos a expresar en esta columna en razón de nuestra promesa de plantear, opinar y, por qué no, dar un aporte dentro de la utopía –que estoy seguro es la de muchos colombianos-, de tener un Estado donde todos tengamos oportunidades, donde se viva con dignidad, donde nuestros hijos tengan un verdadero futuro.

La excesiva burocracia colombiana, sumada a todos los actos de corrupción de políticos, contratistas y ladrones que pululan y tienen como objetivo central el presupuesto nacional, obligan a repensar el Estado actual, a tener en cuenta que esa burocracia con sueldos excesivos y abismales con respecto al resto de los verdaderos trabajadores del país hay que minimizarla al máximo so pena de entrar en la profunda crisis económica que sobrellevan en la actualidad la mayor parte de los países europeos y que ya tocó a los norteamericanos.

Siempre me pareció un error que departamentos o secciones territoriales de nuestro país se fueran fraccionando hasta formar unas secciones administrativas pequeñas como fue el caso de Caldas que se fraccionó después de mediados del siglo pasado por el demostrable regionalismo de Manizales y la poca oportunidad participativa de Quindío y Risaralda en las decisiones de manejo regional. Esto, además de las frecuentes peleas de políticos de esta parte del país, facilitó ese fraccionamiento.

Esta misma situación originó la segregación y división de otros departamentos como Bolívar, Atlántico, Magdalena y Santander trayendo como consecuencia la creación de nuevos burócratas: Gobernadores con sus respectivos gabinetes de secretarios, gerentes, nuevas divisiones administrativas y, sumado a esto, las famosas Asambleas departamentales, unos entes con calidad de Corporaciones administrativas de elección popular con unas atribuciones que se expresan a través de las llamadas Ordenanzas pero que muchos de los electores confunden cuando atribuyen a esos diputados ser generadores de leyes, que no lo pueden hacer, pues los únicos habilitados por nuestro ordenamiento jurídico para hacer leyes es el Congreso de la República a través de senadores y representantes a la cámara. Las Asambleas no son sino, en mi concepto, unos entes que sólo sirven para presionar puestos y para ganarse unos honorarios inmerecidos por hacer reuniones insulsas, sin sentido, sin profundidad.

Este reordenamiento nos permitiría a los colombianos un ahorro enorme, pues desaparecerían algunas gobernaciones y, por supuesto, algunas Asambleas, además de una inmensa burocracia que ya no tendría razón de ser.
Pero, ¿cómo podría ser ese nuevo ordenamiento territorial? Pues por afinidad cultural y una cercanía que permita hacer eficiente esa administración. Tratemos, en ese sentido, de hacer un ejercicio llamando la atención de los amigos de las cifras económicas para que cuantifiquen el ahorro.

- Un primer bloque estaría conformado por los actuales departamentos de Cesar, Magdalena, Atlántico y la Guajira.
- Un segundo bloque estaría integrado por Bolívar, San Andrés, Córdoba y Sucre.
- Tercer bloque: Antioquia, Chocó, Caldas, Risaralda Y Quindío.
- Cuarto bloque: Valle, Cauca, Nariño y Putumayo.
- Quinto bloque: Tolima, Huila y Caquetá.
- Sexto Bloque: Cundinamarca, Meta, Boyacá y Casanare.
- Séptimo bloque: Santander, Norte de Santander, Arauca y Casanare.
- Octavo bloque: Vichada, Amazonas, Guaviare, Vaupés y Guainía.

En cada bloque habría un gobernador provincial, una sola Asamblea, entes territoriales e institutos descentralizados completamente unificados que permitirían una mayor eficiencia administrativa pues con unos presupuestos adecuados y fortalecidos cada una de las regiones saldrían bastante favorecidas.

Por supuesto que es una simple propuesta que puede realinderarse, pero el hecho es que la regionalización permitiría el ahorro de sueldos de 24 gobernadores y 24 Asambleas departamentales y toda la burocracia que esos cargos traen consigo.

Pienso que la importancia de cada ciudad en la región determinaría el sitio o sede de la gobernación, otro sitio para la Asamblea, otra ciudad donde funcionaría una central de la justicia regional y otros sitios para entes territoriales.
Ante la situación económica que vive el país se hacen necesarios cambios fundamentales y el ahorro de tanta burocracia se invertiría en un verdadero desarrollo regional, sin discriminación y sin los vicios que llevaron, precisamente, a las absurdas particiones regionales, a la creación de Departamentos que impulsaron, apetitos burocráticos y un descontrol en el presupuesto nacional.

POST SCRIPTUM: Ojalá los lectores de esta columna reenvíen a todos sus amigos en internet para que opinen o presenten otras propuestas. Creo que es necesario empezar esta campaña de la verdadera refundación del Estado colombiano. En próximas columnas estaremos hablando de la posible reorganización y revaluación del inepto Congreso de la República, además de los grandes problemas de la justicia en nuestro país. Si alguien no está de acuerdo con lo escrito, le recuerdo que es una simple opinión, pero que muchos colombianos nos estamos cansando de la corrupción, de los políticos inescrupulosos y por eso me he atrevido a escribir esta nota. A todos los lectores, amigos o no de esta propuesta, mis respetos.